Antropología Descartes: el ser humano como voluntad y libertad

Por tanto, como sé de cierto que existo y, sin embargo, no advierto que convenga necesariamente a mi naturaleza o esencia otra cosa que ser cosa pensante, concluyo rectamente que mi esencia consiste sólo en ser una cosa que piensa, o una substancia cuya esencia o naturaleza toda consiste sólo en pensar. Y aunque acaso (o mejor, con toda seguridad, como diré en seguida) tengo un cuerpo al que estoy estrechamente unido, con todo, puesto que, por una parte, tengo una idea clara y distinta de mí mismo, en cuanto que yo soy sólo una cosa que piensa –y no extensa–, y, por otra parte, tengo una idea distinta del cuerpo, en cuanto que él es sólo una cosa extensa –y no pensante–, es cierto entonces que ese yo (es decir, mi alma, por la cual soy lo que soy) es enteramente distinto de mi cuerpo, y que puede existir sin él.

Descartes, Meditaciones metafísicas, Meditación Sexta

  • El entendimiento tiene una idea clara y distinta de la sustancia pensante.
  • El entendimiento tiene una idea clara y distinta de la sustancia extensa.
  • El ser humano es un compuesto de dos sustancias: la sustancia pensante y la sustancia extensa.
  • Por tanto, se trata de dos sustancias independientes.

Las consecuencias de esta autonomía de las sustancias es clave para comprender las consecuencias esenciales de la propuesta antropológica de Descartes:

  • La afirmación de la inmortalidad del alma.
  • La afirmación de la libertad en el ser humano.

-El alma, en tanto que sustancia pensante, queda excluida del mecanicismo defendido por Descartes para todo aquello que es extenso (sustancia extensa). -La voluntad del ser humano es libre: es evidente (claridad y distinción). 

Desarrolladas estas cuestiones, llegamos a la propuesta antropológica genuina defendida por Descartes: 

-La libertad no se identifica con la indiferencia. -La voluntad es menos libre cuanto más indiferente es para elegir entre una cosa u otra. -La voluntad es libre cuando teniendo el entendimiento ideas claras y distintas sobre lo bueno o lo verdadero, se inclina en esa dirección y lo elige. 

Esta propuesta antropológica constituye el armazón sobre el que Descartes desarrollará el sentido ético de la existencia. 

 

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