Filosofía en 11 frases, Darío Sztajnszrajber en Madrid

El pasado 7 de mayo, en Casa de América (Madrid), tuve la oportunidad de asistir a la presentación de Filosofía en 11 frases, de Darío Sztajnszrajber. 

Me sorprendió el orden expositivo de su charla.

  • En un primer momento, pensé que no había venido a hablar de su libro sino a filosofar.
  • Según avanzaba, cambié esa primera impresión. Escucharle me estaba sirviendo para repensar qué es la filosofía, qué es filosofar, si es que eso fuera posible. En estos tiempos en los que invertimos tantos esfuerzos en reivindicar la necesidad de la filosofía -especialmente, en las aulas- me pareció sugerente preguntarme: qué filosofía, que modo de filosofar, pretendemos como necesario.
  • Finalmente, habló de su libro. Y acabé con mis consideraciones. Quizás, Filosofía en 11 frases, suponga una integración novelada de todo lo que el autor quiso compartir en esa tarde. 

frases

En esta Entrada, expongo todo aquello que me hizo reflexionar -esos disparadores de los que habla Sztajnszrajber – y más allá de posibles coincidencias, o no, en otras cuestiones que se alejan de la propia actividad filosófica. Lo haré utilizando palabras del propio autor -no exactas- extraídas de su presentación.

La filosofía y la perturbación

Filosofía en 11 frases es una obra escrita para todos aquellos que tienen una disposición a querer ser perturbados. La perturbación se alcanza cuando se cuestiona lo establecido sin lograr, al mismo tiempo, respuesta alguna. 

Desde esta premisa, y siempre desde mi particular visión, conecta Darío con la filosofía.

La filosofía no resuelve nada. No da respuestas. No se hace preguntas para encontrar respuestas. Hace preguntas para cuestionar las respuestas establecidas. La pregunta de la filosofía busca horadar la solidez de un sentido común, que se presenta inalterable, y que uno, de algún modo, toma y reproduce. Por eso, después de leer un libro de filosofía la sensación es como de vértigo y el vértigo, perturba. Hay una decisión del que va hacia la filosofía como de molestarse a sí mismo.

Cómo procede una filosofía así entendida

Comenzaba el autor su intervención contándonos una vivencia personal mientras paseaba por Madrid: la de sentirse como un extranjero en casa, en el lugar paradójico de lo propio e impropio. Tras esto, la conexión filosófica: 

No le temo a la extranjería porque creo que la filosofía, en sí, es un campo extranjero. No hay mayor extranjería que la de hacer filosofía. Hacer filosofía es colocarnos en el lugar del extrañamiento. Generar un extrañamiento con las cosas que no rodean. Colocarse en el lugar del extranjero, del otro, pero esa otredad tiene que ver con que es un lenguaje, una provocación, una forma de pensar las cosas que no es la usual, que no es la nativa.

Dario charla
Darío Sztajnszrajber, fotografía Casa de América

Cómo colocarnos en ese lugar de extrañamiento

No se hace filosofía con grandes abstracciones, se hace filosofía con lo que tenemos a la mano. El tema es colocarlo en ese lugar de extranjería, de extrañamiento, en el sentido de que, en el fondo, todos somos extranjeros.

La filosofía no es para especialistas. Olvidamos que las preguntas existenciales están a la mano. Pero no le damos lugar. Porque cuando nos colocamos en ese lugar, nos volvemos extranjeros. Y la extranjería tiene que ver con que esa forma de preguntar no es una forma de preguntar que sume, no es económica, no es productiva.

Cómo es esa forma de preguntar

La filosofía es un juego molesto porque el sentido común, en el que vivimos, lo visualiza como perturbador y entonces lo colocan ese lugar de lo lúdico: qué simpáticos los que hacen filosofía, parecen niños. Se preguntan por el porqué, del porqué del porqué. Que pavada, pero que interesante.

En general, a la filosofía se la saca de encima el sentido común. Y cuando se vuelve realmente molesta… (Aquí, ejemplifica sus afirmaciones recurriendo al juicio de Sócrates, aquel que se sentía extranjero en su Atenas)

¿Un ejemplo?

Darío utiliza la botella de agua, que tiene para calmar la sed, como ejemplo didáctico. Puedo beber de esa botella, calmar la sed y punto. Ahora bien, puedo decidir no beber y lanzar una pregunta que interrumpa ese beber, es decir, que interrumpa lo establecido, lo que se espera que se haga u ocurra. 

Las preguntas de la filosofía son preguntas que se vuelven incomprensibles para una sociedad de la productividad que no permite que alguien se pregunte por la botella y no beba. Porque ahí tienen la clave.

No beber en este momento un poco de agua no molesta a nadie. Ahora bien, si la pregunta que interrumpe la acción -trascendemos el ejemplo de la botella- están relacionadas con la propiedad, la libertad, la identidad…, entonces se genera un cimbronazo. 

Nuestra sociedad no es que no cultive el pensamiento, cultiva un pensamiento en otra dirección.  Cualquier anomalía que se corra de ahí, interrumpe, genera tiempos muertos. La filosofía busca que nos regodeemos en los tiempos muertos.

La extraña relación de la filosofía con el tiempo

Afirma Sztajnszrajber que toda filosofía es extemporánea.

Por eso, adquiere significado, -citó más ejemplos- leer El Banquete de Platón si queremos cuestionarnos qué es el amor. Y, de manera gráfica, ilustró la cuestión: ¿felicitaríamos igual ese día de los enamorados -14 de febrero- después de dicha lectura?

Resultado de imagen de el banquete de platon

La filosofía está mas cerca del arte que de la ciencia. No nos da respuestas sino lecturas discordantes con las lecturas establecidas. Hay una necesidad de pelearse con esa manera establecida del amor o lo que sea.

Ir a los márgenes

Citando a  Giorgio Agamben, Darío Sztajnszrajber introduce un nuevo elemento para la reflexión sobre esa extemporaneidad de la filosofía. 

Lo contemporáneo es lo actual. lo que está en la agenda, en los medios, en las conversaciones de unos  y otros. Lo contemporáneo, hoy más que nunca, es todo aquello que se pone a la luz. Ahora bien, cuando algo se ilumina, algo queda oscuro. Ahí, entra la filosofía.

Cuando algo se ilumina, algo se deja oscuro. Tarea del pensamiento crítico: ver ese margen, ese borde, no enceguecerse con las luces de la actualidad porque, entonces, se direcciona la mirada. La luz está tapando también algo.

Tarea de la filosofía: ir a esos márgenes. Por eso son preguntas raras las de la filosofía. Cuando la filosofía opina, como uno más, en mesas de debates -y no es extemporánea- pierde. 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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