El problema del hombre en Nietzsche

Esquema que recoge la propuesta antropológica de Friedrich Nietzsche.

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El ser humano en Kant

Documento que recoge la propuesta antropológica kantiana relacionándola con un comentario de texto resuelto extraído de su Fundamentación de la metafísica de las costumbres.

En dicho fragmento, Kant desarrolla uno de los grandes rasgos fundamentales del ser humano e inherente a su naturaleza: ser valioso en sí mismo y por sí mismo (dignidad). Sigue leyendo

Antropología Descartes: el ser humano como voluntad y libertad

Por tanto, como sé de cierto que existo y, sin embargo, no advierto que convenga necesariamente a mi naturaleza o esencia otra cosa que ser cosa pensante, concluyo rectamente que mi esencia consiste sólo en ser una cosa que piensa, o una substancia cuya esencia o naturaleza toda consiste sólo en pensar. Y aunque acaso (o mejor, con toda seguridad, como diré en seguida) tengo un cuerpo al que estoy estrechamente unido, con todo, puesto que, por una parte, tengo una idea clara y distinta de mí mismo, en cuanto que yo soy sólo una cosa que piensa –y no extensa–, y, por otra parte, tengo una idea distinta del cuerpo, en cuanto que él es sólo una cosa extensa –y no pensante–, es cierto entonces que ese yo (es decir, mi alma, por la cual soy lo que soy) es enteramente distinto de mi cuerpo, y que puede existir sin él.

Descartes, Meditaciones metafísicas, Meditación Sexta

  • El entendimiento tiene una idea clara y distinta de la sustancia pensante.
  • El entendimiento tiene una idea clara y distinta de la sustancia extensa.
  • El ser humano es un compuesto de dos sustancias: la sustancia pensante y la sustancia extensa.
  • Por tanto, se trata de dos sustancias independientes.

Las consecuencias de esta autonomía de las sustancias es clave para comprender las consecuencias esenciales de la propuesta antropológica de Descartes: Sigue leyendo

Ulises y la identidad del ser humano

Homero, en su grandeza, nos dejó dos Odiseo diametralmente opuestos: el que combate en las murallas de Troya y el que lucha por regresar a Ítaca. El primero provoca esa admiración estéril de lo inalcanzable; el segundo, sin embargo, nos conmueve porque todo su periplo es tan humano que nos identificamos con él. Sigue leyendo

Helenismo: búsqueda individual de la felicidad

El Helenismo, como periodo filosófico, no es separable de la decadencia y desintegración de las polis griegas. Sus ciudadanos, ante esa pérdida de referentes, buscan reconstruir una identidad perdida con sistemas filosóficos que propicien la felicidad individual. Sigue leyendo

Visión del ser humano y sentido de la existencia

La respuesta a la pregunta ¿qué es el ser humano? implica, en cierta medida, qué sentido pueda tener nuestra propia existencia. Esta relación es patente en los principales autores griegos de la época antigua.

Proponemos un cuadro resumen con dichas relaciones en los siguientes autores y escuelas: Sócrates, Platón, Aristóteles, epicureísmo, estoicismo y escepticismo. 
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El alma en Aristóteles

Esquema que recoge la propuesta aristotélica sobre el alma, esencial en su antropología y en la que es necesario tener claras las siguientes cuestiones:

  • Diferencias con respecto a la propuesta de Platón
  • ¿Es inmortal el alma individual del ser humano?
  • ¿Tienen alma las plantas y los animales? ¿Cómo se relaciona la posible respuesta con la visión aristotélica del alma como principio de vida, forma y acto?
  • ¿Tenemos un alma o varias? ¿Qué implicaciones tienen las posibles respuestas?

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Utilidad de la filosofía: Sentimiento trágico de la vida

La respuesta a la pregunta ¿qué es el ser humano? condiciona, en cierta manera, el sentido que pueda tener la propia existencia. Si, por ejemplo, el ser humano es alma intelectiva -Aristóteles- el sentido de nuestra existencia radicará en vivir conforme a la razón.

Un claro ejemplo de esta simbiosis -y que puede resultar interesante como ejemplo a mostrar a los alumnos/as- es la propuesta filosófica de Miguel de Unamuno (1864-1936) En Unamuno, esta correspondencia alcanza su mayor radicalidad: el sentimiento trágico de la vida. Sigue leyendo

Un tema de actualidad: ¿La utilidad del dolor?

Cuando Ulises regresa a Ítaca  para recuperar su reino, su hacienda y, especialmente, a Penélope lo hace disfrazado de mendigo para no ser reconocido. Se suceden los acontecimientos y Ulises, que ha conseguido entrar en palacio, se ve obligado a ser atendido por la sirvienta de Penélope. Un mendigo merece un trato hospitalario en palacio. El corazón de Penélope, pesa a las circunstancias, sigue siendo magnánimo.

Como relata de manera magistral el profesor Jacinto Choza en su libro Ulises, un arquetipo de la existencia moderna, Ulises se coloca en la penumbra de un rincón ya que teme ser reconocido por la sirvienta que no es otra que Euriclea, anciana que le atiende desde su niñez. Ulises tiene en una pierna la cicatriz de una herida que le causó un jabalí cuando era muy joven. Euriclea conoce la existencia de esa herida. Euriclea, al tocar la cicatriz le reconoce. Ulises le pide que guarde silencio.  

Las personas, como las cosas, se reconocen por dónde se rompen, por las cicatrices que deja el pasado. Nadie se rompe por el mismo sitio y, por este motivo, el sufrimiento es el mejor medio que el ser humano tiene para saber quién es y para saber que esperan los demás de uno mismo.

La realidad original del hombre –siguiendo las tesis del maestro Choza- es indeterminación vacía. Inicialmente, no nos distinguimos unos de otros. Es necesario dejar paso a las diferencias para distinguirnos de los demás. Esta diferenciación se produce por las fracturas que nos deja la vida. 

Así ocurre en diferentes culturas a lo largo de la larga historia del ser humano. Era costumbre romper un objeto por la mitad y, así, sus portadores podían encajar un trozo con el otro. Así se reconoce el ser humano, según Jung, no sólo por las fracturas del cuerpo sino también por las del alma.
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